Sábado 20 de enero de 2018

Verónica Forqué: "Ellos prefieren mujeres de 28 años y yo lo entiendo"


PAULA ARENAS

  • “En cuanto dejamos de ser atractivas sexualmente ya no tenemos sitio”, dice la actriz que recibirá el Premio Feroz de Honor 2018.
  • “Yo me entiendo bien con las mujeres, es mentira que nos llevemos mal”.
  • “No nos dejan envejecer ni engordar… Hay que pasar de lo que se nos impone”.

Verónica Forqué

No pudo recoger ni uno de los cuatro Goyas que ha ganado la actriz a lo largo de una extensa carrera en la que ha trabajado con los mejores, pero esta vez sí podrá subir a por su premio, el Feroz de Honor que se le dará el próximo 22 en una gala en la que se desvelarán los ganadores.

Tranquila y vital, y con una risa contagiosa y en absoluta nacida de la frivolidad, responde sin temor ni pudor y con algo que se agradece mucho: naturalidad. Porque aunque afirme que ha perdido la ingenuidad, la espontaneidad sigue siendo terreno propio.

¿Cuánta ilusión hace un Premio por Feroz que sea?
Mucha. Cuando mi representante me dijo: ¿aceptas el Feroz de Honor? Yo no entendía nada, hasta que casi me lo deletreó. Y entonces le dije: claro, cómo no lo voy a aceptar. Hay muchas mujeres actrices de mi quinta que son muy buenas y a las que se lo podían dar. Me han elegido a mí. Es un honor.

Ya que cita a las mujeres de su quinta, ¿qué retrato traza?
Parece un tópico pero no lo es, es lo que ocurre: a partir de los 50 años es más difícil que te den papeles bonitos o interesantes. Los guiones son de ellos y a ellos les gustan más las de 28 años, y lo entiendo. En cuanto dejamos de ser atractivas sexualmente ya no tenemos sitio. Y yo me llevo muy bien con las mujeres, que quede claro.

Sí, porque hay mucho al que le gusta decir que las mujeres nos llevamos fatal…
Sí, pero es mentira que las mujeres no se lleven bien entre ellas, al menos las de mi generación. Yo nunca he tenido problemas con mis compañeras. Es mucho más fácil hablar con ellas. Los hombres te explican las cosas para que tú las entiendas.

Ellos también son víctimas de una educación que no les permitía expresarse…
Sin duda, pero hay que dejar ya esos roles e intentar ser felices y pasar de lo que la sociedad nos imponga. No podemos ni envejecer ni dejar de estar delgadas…

Ellos sí, hasta dicen que están más atractivos con los años…
Sí, y en cambio decir “es una mujer menopáusica” es un insulto. Nadie habla de su próstata y ellos también hacen más veces pipí y tienen sus problemas.

¿Alguna de las interpretaciones que ha hecho le ha recordado a esta protesta?
Sí, en El tiempo de la felicidad, que es de una mujer que decide cambiar su vida y lo hace. Para nosotras es más difícil, pero se puede hacer.

Es que durante demasiado tiempo se metió en la cabeza a las mujeres que no podían estar solas…
Sí, estar sola era sinónimo de ser una desgraciada. Y no es verdad: yo estoy sola. Me separé del amor de mi vida cuando dejó de serlo. Fue duro hasta que pude verbalizarlo.

El cine prefiere reflejar las grandes pasiones que estas pequeñas grandes cosas.
Sí, el cine es más de grandes pasiones. Cuando tienes ya sesenta años no te crees tanto las cosas, y menos esas. A mí me gustaría no haber perdido la inocencia.

¿No cree que nos la roban más que perderla?
Sí, es verdad, a medida que pasa el tiempo te obligan a perderla.

¿Qué ha sido lo que más le ha importado transmitir a su hija?
El respeto por los demás, el amor a los demás y a mirarse a ella misma sin echar culpa a los otros. No sé si lo he conseguido, pero es una joven maravillosa.

Fue usted de las pocas que en su época se fue de casa sin casarse… Y así hasta ahora, ¿le dan fobia los papeles?
No, pero con mi primer novio yo era muy joven y no quería casarme; con el que es el padre de mi hija era él quien no quería.

¿Cómo recuerda sus inicios?
Con mi padre, que no quería que fuera actriz, por si era mala y me volvía una frustrada amargada. Luego se convirtió en mi principal fan.

¿Imaginó que la comedia sería su territorio?
No, fue una sorpresa. Uno, cuando empieza, no sabe cuál será su registro, y es un pecado pensar que tienes que hacer reír al público.

¿No era ya una chica con gracia?
Sí, claro. Era y soy, creo, muy simpática. Y también te digo que, de repente, un día pasas de ser la niña del rodaje a la señora a la que dan la mano para bajar una escalera.

Alicia Giménez-Bartlett, la escritora, dice que para que le hagan caso a partir de cierta edad hay que ponerse dura…
Sí, es verdad. Pero en realidad para que los hombres te hagan caso hay que darles marcha. De joven, también.

¿Ha cambiado mucho el panorama (hombres y mujeres) desde que era usted la niña del rodaje?
No veo tanto cambio como quisiera, pero lo hay y lo bueno es que ya es imparable.



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