Lunes 18 de diciembre de 2017

Puente La Noria: el viaducto terminó con el colapso del tránsito


Mariano Benítez y sus tres hijas volvieron a dormir un poco más. Ya no tienen que salir de su casa en Lomas de Zamora con el auto a las 4.30 para llegar a tiempo, y con tranquilidad, al barrio porteño de Flores antes de que se cierren las puertas de ingreso en la escuela donde asisten las chicas de 2, 7 y 15 años.

La nueva imiagen del puente La Noria
La nueva imiagen del puente La Noria. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

Es cierto que arribaban unos 20 minutos más temprano. “Pero era preferible eso y no tener que llegar una hora después del comienzo de la clase porque más tarde nos agarraba el horario pico más complicado”, reflexiona el hombre, hoy más descansado desde la apertura del nuevo viaducto del puente La Noria, que cruza el Riachuelo y une la provincia con la ciudad de Buenos Aires, desde Villa Fiorito hacia Villa Riachuelo, respectivamente.

Desde esta semana, la familia pasa menos tiempo de su vida viajando entre el municipio bonaerense y el centro porteño. Como lo hacen los 60.000 pasajeros que todos los días viajan en las 21 líneas de colectivos que utilizan el viaducto. O las que a diario viajan en los 75.000 vehículos que cruzan el puente.

Según el Ministerio de Transporte de la Nación la nueva obra, con una extensión de 800 metros que unen el Camino Negro (o Presidente Juan Domingo Perón) con la General Paz, les permitirá a los usuarios ahorrar hasta 40 minutos de viaje.

“Ahora salimos alrededor de las 6.15 y las chicas llegan a Flores poco antes de las 8”, cuenta Benítez a LA NACION. Recuerda que antes les demandaba casi una hora y media cruzar hacia la Capital Federal. “Y eso que vivimos en el barrio Campo Tongui, que está acá nomás”, explica el hombre mientras señala a unas pocas cuadras del puente La Noria, del lado de la provincia.

Así ocurría siempre para los Benítez. Difícil hallar un día en que el cruce del Riachuelo no presentara demoras en el tránsito, tanto a la ida como a la vuelta. Al colapso vehicular en el viejo puente se le sumaron las complicaciones por la obra, que se extendió por más de tres años y demandó una inversión de 1370 millones de pesos.

Alicia Carneiro piensa que la obra “es una gloria”. Para llevar a su hija al médico, en Belgrano, tenía que prever un viaje mínimo de dos horas desde su hogar, en Temperley, hasta el barrio porteño. La mujer cuenta que el lunes, apenas se inauguró el viaducto, hizo el mismo camino y tardó poco menos de una hora en llegar a destino. “Pero no se trata sólo de eso”, aclara. “Cuando había tanto embotellamiento teníamos que desviarnos por la zona para ir hasta el puente Alsina. Había muchos robos por allí”, dice, haciendo énfasis en la seguridad.

Durante parte del tiempo en el que duraron las obras algunos colectivos no atravesaban la frontera entre la ciudad y Lomas de Zamora. “Tenía que salir de casa como dos horas antes. Durante siete meses más o menos, las líneas 21 y 28 me dejaban cerca del autódromo [Juan y Oscar Gálvez, de Buenos Aires] y tenía que caminar por el puente para llegar a la provincia y de ahí tomarme el 551 o el 542 hasta mi casa. Lo mismo cuando iba al otro lado”, cuenta Daniel.

Los choferes de colectivos también recibieron con agrado el renovado acceso. Jesús Domínguez, conductor de la línea 21 -que une el puente La Noria con el norte del conurbano-, cuenta su experiencia: “Pasé muy bien por ahí. Gané como media hora de recorrido. No solía ser fácil transitar por esa zona porque siempre se congestionaba”.

Aunque la fluidez es mayor, ayer había algunas complicaciones de tránsito cerca de la terminal de Lomas de Zamora; algunos pasajeros debieron esperar hasta 20 minutos la llegada de las unidades. Si bien el viaducto ya fue inaugurado restan finalizar las obras de colectoras, mejoramiento de calles y algunas rampas del nuevo camino. Los vecinos esperan que cuando se terminen esas tareas se instale algún puesto de vigilancia allí.



Fuente

Etiquetas: