Miércoles 28 de junio de 2017

La Sinfónica Nacional volvió al Colón con un guiño hacia la anulación de las fronteras musicales


 

Dos expresiones superiores de las formas musicales abiertas, reflejo de la destreza para cruzar melodías populares –folclóricas- con el lenguaje y las estructuras más desarrolladas de la música de estudio quedaron sintetizadas en el concierto que interpretó anoche la Orquesta Sinfónica Nacional en el Teatro Colón –un regreso a su primera sede-, con obras del pianista cordobés Manolo Juárez y el compositor ruso Piotr Ilich Tchaicovsky.

En un gesto de fidelidad a sus propósitos fundacionales, que incluyen la ampliación de los públicos y la promoción de los músicos nacionales, la Sinfónica, bajo la dirección en este caso de Darío Domínguez Xodo, eligió un programa con la "Elegía" de Juárez y el Concierto para piano y orquesta Nro. 1 en si bemol, opus 23; y la Sinfonía Nro. 6 en si menor, opus 74, "Patética", de Tchaicovsky.

En los dos casos se observa la anulación de las fronteras entre el folclore territorial y la música de la academia; en los dos casos -y es inagotable la riqueza que, en ese punto, especialmente expresa el trabajo del compositor ruso- se yuxtapone el impulso nacionalista con las corrientes universales de su tiempo.

Con Tomás Alegre en el piano (aquel joven que recibió el guiño de Martha Argerich, entre tantos reconocimientos), la Sinfónica interpretó "Elegía", la primer obra sinfónica del cordobés Manolo Juárez, compuesta en 1967 y estrenada en 1969 en el teatro Colón por la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de Buenos Aires, dirigida por Bruno Dástoli.

Dedicada a quien fuera su primer maestro de composición, Honorio Siccardi, "Elegía"-que desde hace tiempo forma parte del repertorio de la Sinfónica- se inicia con una breve introducción de cellos y contrabajos en donde aparece el "leit motiv" basado en una serie dodecafónica. Comunión de la estética neoclásica con la expresionista y está estructurada en forma de micro variaciones en donde se oponen diferentes grupos instrumentales que culminan con una sección de cuerdas.

El regreso de la Sinfónica al Colón, luego de más de una década (fue su primera sede, de donde fue expulsado por el interventor del teatro durante la dictadura de Pedro Aramburu) se completó con dos obras memorables de Tchaicovsky, el más célebre de sus conciertos para piano y orquesta y la última de sus sinfonías.

Más allá de la profusa literatura sobre el compositor y su relación (y distancia) con el movimiento del nacionalismo musical ruso (frecuentemente se lo señala como un "occidentalista", y a veces al modo de una imputación), los temas del folclore aparecen en forma recurrente, claro que transformados.

El Concierto para piano Nº 1 tiene el principio del primer movimiento inspirado en una melodía escuchada a unos músicos callejeros en un mercado de Kamenka, cerca de Kiev. Luego asume la forma de sonata basándose en el tema "Oy, kryatshe, kryatche" del folclore ucraniano. El segundo movimiento se basa en una canción pero en esta ocasión es "Il faut s'amuser, danser et rire" (Hay que divertirse, bailar y reírse) popular francesa de la época. De la misma forma ocurre en el tercer movimiento que se basa en en tema popular ruso "Podoydi, podoydy vo Tsar-Gorod".

El pulso cosmopolita aparece más claro en la monumental Sinfonía Nº 6, la última escrita por Tchaicovsky entre febrero y finales de agosto de 1893.

En cualquier caso queda en evidencia que el compositor ruso no era un cultor ortodoxo del formato sinfónico y que la forma preexistente de la sonata resultaba demasiado acotada para sus ambiciones líricas.

La Sinfónica Nacional volverá a presentarse el miércoles 24 en el Centro Cultural Kirchner, con la dirección de Federico Sardella, y obras nacionales de Alberto Ginastera (Concierto para arpa y orquesta, op. 25), Carlos Guastavino (Indianas nº 1 para coro mixto y piano), Luis Gianneo (El tarco en flor) y Juan José Castro (El arrabal).

Para leer el cable de la nota acceder a: https://cablera.telam.com.ar/cable/507956/la-sinfonica-nacional-volvio-a-colon-con-un-guinio-hacia-la-anulacion-de-las-fronteras-musicales



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