Miércoles 18 de julio de 2018

Cumple 110 años el Brighton, un bar detenido en el tiempo pero vigente en el microcentro porteño


Cumple 110 años el Brighton, un bar detenido en el tiempo pero vigente en el microcentro porteño

A pocos metros de los bancos, los negocios de ropa, las oficinas y la marea de peatones que caminan robóticamente por la calle Florida; embutido en el hall de un edificio de época, detrás de una puerta de doble hoja de madera, bronce y vidrio está The New Brighton, una fracción del pasado anclado en Sarmiento 645.

“La primera vez que entré me impactó tanto que me asusté”, dice a Télam Graciela Ziegler, encargada del salón desde 2007. “Hace 11 años que trabajo acá y la expresión de cada persona que entra es de asombro porque ya no quedan lugares como este”, explicó.

En efecto, por los muebles de roble macizo, la estantería y luminaria de época, la boiserie, los biselados y la gran vidriera en la fachada no es difícil imaginar que hace 110 años -cuando Sarmiento se llamaba Cuyo- el local era una de las sastrerías más exclusivas de la Ciudad -The Brighton-, por donde los clientes caminaban luciendo sombreros y trajes.

Cumple 110 años el Brighton, un bar detenido en el tiempo pero vigente en el microcentro porteño

A pocos metros de los bancos, los negocios de ropa, las oficinas y la marea de peatones que caminan robóticamente por la calle Florida; embutido en el hall de un edificio de época, detrás de una puerta de doble hoja de madera, bronce y vidrio está The New Brighton, una fracción del pasado anclado en Sarmiento 645.

“La primera vez que entré me impactó tanto que me asusté”, dice a Télam Graciela Ziegler, encargada del salón desde 2007. “Hace 11 años que trabajo acá y la expresión de cada persona que entra es de asombro porque ya no quedan lugares como este”, explicó.

En efecto, por los muebles de roble macizo, la estantería y luminaria de época, la boiserie, los biselados y la gran vidriera en la fachada no es difícil imaginar que hace 110 años -cuando Sarmiento se llamaba Cuyo- el local era una de las sastrerías más exclusivas de la Ciudad -The Brighton-, por donde los clientes caminaban luciendo sombreros y trajes.



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