Lunes 18 de diciembre de 2017

Acusan de "gatillo fácil" a un policía que mató a un menor


Los padres de Rodrigo, ayer, en Billinghurst
Los padres de Rodrigo, ayer, en Billinghurst. Foto: DyN

Dos peritajes, uno planimétrico y un informe preliminar forense, agravaron la situación del policía bonaerense acusado de matar a un chico de 14 años que, junto con cuatro cómplices, supuestamente lo asaltaron en la modalidad “piraña” cuando salía de la casa de su novia en Billinghurst, partido de San Martín. Se investiga si fue un hecho de legítima defensa, un exceso en ella, o lisa y llanamente un caso de “gatillo fácil”.

Anoche, un centenar de vecinos del menor atacaron a pedradas la casa de la novia del policía y prendieron fuego neumáticos en la puerta de la vivienda. Mientras ocurría el ataque, Hugo Pos, de 35 años, que trabaja en el Grupo de Apoyo Departamental (GAD) de San Martín, estaba detenido en una comisaría del distrito y será indagado por el fiscal del fuero de Responsabilidad Penal Juvenil Marcelo Brocca.

Fuentes judiciales dijeron que, a partir de aquellos indicios, la acusación sería por presunto homicidio agravado y no por exceso en la legítima defensa. Según los voceros, el informe preliminar de los forenses que realizaron la autopsia reveló que la causa de la muerte del menor, identificado como Rodrigo, fue un tiro en la nuca. Esta prueba pondría en tela de juicio que el uniformado hubiese actuado en legítima defensa cuando disparó contra los cinco menores que, según declaró su novia, intentaron asaltarlos a mano armada.

Este fue el segundo caso con un chico de 14 años o menos involucrado en un hecho de sangre en sólo 72 horas. El fin de semana, en el barrio porteño de Flores, la policía apresó a un menor de 14 años armado con un revólver calibre 32; circulaba en un auto robado y al intentar escapar de los efectivos que lo perseguían chocó contra el vehículo en el que viajaba una familia.

Con respecto al episodio ocurrido en Billinghurst se pudo saber que otro elemento que avalaría la imputación del policía fue el peritaje planimétrico realizado en la escena del crimen. Los técnicos de rastros de la Gendarmería indicaron que las 14 vainas levantadas en la escena del crimen estaban agrupadas en el lugar desde el que disparó el uniformado.

Las marcas de las vainas servidas, en la escena del crimen
Las marcas de las vainas servidas, en la escena del crimen. Foto: DyN

Esas vainas coinciden con el calibre del arma reglamentaria usada y secuestrada al acusado. Al revisar las marcas que indican el lugar del hallazgo de las cápsulas, los peritos estimaron que en ese lugar hubo una sola boca de fuego y habría sido la pistola Bersa reglamentaria del oficial Pos.

Otro análisis realizado por los peritos criminalísticos señaló que había casi 30 metros entre el lugar en el que fueron halladas las vainas y el primer rastro de sangre.

Todos estos elementos abonarían la hipótesis de un caso de “gatillo fácil”, como sostuvo la familia del menor muerto. Como se dijo, Pos seguía anoche detenido. Antes de indagarlo, el fiscal espera recibir los resultados de los peritajes balísticos encargados a la Gendarmería sobre las vainas servidas halladas en la escena del crimen. Buscan determinar si hubo un enfrentamiento armado o si el uniformado fue el único que disparó.

Hasta ahora, el arma que dicen haber visto el policía y su pareja en poder de los asaltantes no fue encontrada. Entre los responsables de la investigación se presume que, si efectivamente estuvo involucrada en este hecho, esa arma, posiblemente un revólver, se la habría llevado uno de los dos integrantes de la banda que lograron escapar.

Para hoy se espera que declaren los dos supuestos cómplices del menor muerto, que tienen 14 y 16 años y fueron heridos por el policía. Están internados, bajo custodia, en el hospital Castex, de San Martín.

Si bien los padres del menor afirmaron que el chico no había ido a robar, sino que andaba en bicicleta, una cámara de seguridad de la zona grabó a los cinco jóvenes sospechosos juntos antes del ataque y también el paso de los dos cuando huían, después del hecho.

“Mi hijo no es ladrón. No anda en esa. Salió a ver a un amigo y le dije que viniera enseguida, que no tardara. Y ahora no lo tengo más. Ese hijo de puta tiene que pagar por lo que hizo”, dijo, mientras lloraba, Julio Correa, el padre de Rodrigo. De su cuello colgaba una foto del chico. “Los vecinos le comentaron a mi señora que cuando llegó el patrullero el policía les habría dicho que se había equivocado”, agregó el hombre.

Además de los peritajes y de las imágenes de las cámaras, el fiscal debe analizar la declaración de la pareja del policía, hasta ahora la única testigo del hecho. La mujer habría dicho que fueron asaltados por un grupo de chicos, que su novio entregó el celular y cuando los sospechosos se iban, advirtió que uno de ellos tenía un arma de fuego. Entonces, según declaró, su novio se identificó como policía y disparó. Uno de esos tiros mató a Rodrigo. Al vaciar el cargador, el policía también hirió a dos cómplices, de 14 y 16 años, con antecedentes y varios ingresos en las comisarías de la zona. Esos sospechosos serán indagados hoy por intento de robo.

“El policía empezó a tirar tiros de la nada, eso me contó el amigo de mi hijo. Parece que los otros tres chicos venían corriendo. Lo mataron como a un perro”, indicó Irma, la madre del menor fallecido.

Con la colaboración de Valeria Musse



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