Viernes 22 de marzo de 2019

"Mocha: nuestra lucha, su vida, mi derecho", un retrato del primer bachillerato para personas trans del mundo



Francisco Quiñones Cuartas es director de cine y una de las piedras fundacionales del primer Bachillerato para personas trans del mundo, “Mocha Celis” -en homenaje a una travesti tucumana que trabajaba en el barrio de Flores y fue asesinada a balazos-, que queda en el barrio porteño de Chacarita. Allí, desde 2011, cientos de chicas y chicos trans reciben una educación pública, laica, gratuita y con perspectiva de género, logrando una inserción en el sistema educativo y laboral que históricamente los expulsaba. En 2014, junto al periodista Rayan Hindi, se pusieron a la cabeza del proyecto de realizar un documental colectivo que registre la realidad de las personas que iban a estudiar al Bachi Mocha, para que cuenten sus historias y también para que sean los encargados del registro y la edición audiovisual.

Aprendimos que el promedio de vida de una persona trans es de 35 años, que la principal causa de muerte tiene que ver con la violencia policial y callejera y que el 90% quería terminar sus estudios secundarios pero no tenía un espacio dónde poder hacerlo

-¿De dónde surge la idea de crear el bachillerato?

-En mi caso particular, en 2010, estaba haciendo el corto documental “Furia travesti” junto a Amparo González Aguilar. Ahí conocí a la activista trans Lohana Berkins. Ella me interpeló y me habló de la estigmatización que vivían y de cómo eran representadas en los grandes medios de comunicación. Entonces para darme la oportunidad de filmar me pidió que dibujara a una travesti, para ver cuál era la representación que tenía en mi imaginario. Al notar mi ignorancia, me mandó a leer algunos de sus libros  como “La gesta del nombre propio” y “Cumbia, copeteo y lágrimas”, que realizó con otras compañeras. Recién ahí, Lohana accedió a hacer el documental pero con la condición de que ellas pudieran participar del relato que se creaba. Con toda la información y datos que arrojaban estos libros, aprendimos que el promedio de vida de una persona trans es de 35 años, que la principal causa de muerte tiene que ver con la violencia policial y callejera y que el 90% quería terminar sus estudios secundarios pero no tenía un espacio dónde poder hacerlo. Ese fue el punto de partida para intentar hacer algo para que pudier estudiar pero entendí que las instituciones tradicionales, por su idiosincrasia burocrática y administrativa, no podían albergarlas sin discriminarlas. Por esa razón, decidimos que había que armar un bachillerato desde cero, dedicado a la población trans, que pueda atender sus problemas y respetar sus identidades. El lanzamiento fue en noviembre del 2011, casi medio año antes que saliera la ley de identidad de género.

-¿Cómo era el contexto de esa época?

-Era duro pero no estábamos solos. Había un montón de compañeros que estaban luchando por los mismos derechos en distintas partes del país, como Lohana, que fue clave en la lucha por la inclusión laboral y educativa, también, Diana Sacayan y el activista trans Mauro Cabral. Estaba todo en el aire.

-¿Cuál es la realidad de ls Mocha hoy?

-Ya llevamos ocho años, con el ciclo lectivo 2019, y está egresando ya el quinto grupo de alumnos, que han finalizado sus estudios en Mocha Celis, que tiene todas las características de cualquier escuela con reconocimiento de título oficial. Sin embargo, nos queda pendiente el reconocimiento, por parte del Gobierno de la Ciudad, de las trabajadoras sociales y psicólogas, no tenemos bibliotecario ni alguien en portería. Somos un equipo que acompaña a la población trans en su carrera educativa y en la lucha por el acceso a un montón de otros derechos pero no tenemos financiamiento integral ni edificio propio. Funcionamos en el quinto piso de la mutual Sentimiento, que nos cede el espacio de su edificio en el barrio de Chacarita. Los gastos de los servicios, luz, gas, internet los pagamos los docentes de manera voluntaria. Cada tanto, hacemos actividades y llamamientos a la sociedad en general para que nos acompañen a sostener esta escuela. Todo sería mucho más sencillo si tuviéramos alguna partida mínima para poder costear el sostenimiento del espacio.

-¿Por qué decidieron documentar esta experiencia de manera audiovisual?

-El tema del documental surge en función de una actividad de la materia Metodología de la investigación. Pensábamos que era importante que los relatos fueran en primera persona y que entre todos se construyeran las formas en las que querían ser vistos. Fue una excusa pedagógica para poder producir sentido, que dejen de ser sujetos objeto para transformarse en sujetos productores de contenido y conocimiento. Trabajamos sobre los imaginarios sociales. Para lograrlo, Rocio Pichirili y Rayan Hindi dieron clases de lenguaje audiovisual. Luego, se asignaron roles, algunas iban detrás de cámara, otras actuaban, otras se encargaban del maquillaje o vestuario. El documental consta de tres partes: las cámaras de backstage, que fue la parte más experimental; el registro de ficciones, que fueron representando situaciones de la vida del Mocha Celis y por último, las entrevistas al grupo docente y directivos y estudiantes, con un registro más tradicional.

-La película mezcla lo documental con la ficción, ¿qué buscaban contar?

-Lo primero que pensamos hacer era recrear escenas de ficción.  Si bien estaban inspiradas en la vida de Mocha, las mismas podían ver reflejadas situaciones de su vida ya que hay una matriz que se repite. Fue una especie de teatro del oprimido, que las interpelaba y las llevaba hacia la memoria emotiva que tenía que ver con vivencias y con cuestiones que ellas conocían en sus propias vidas. La parte documental quiso mostrar la construcción colectiva. Lo único pactado con ellas fue no mostrar en la pantalla la violencia sufrida. Por ejemplo, las escenas de desalojo por lo general son mucho más violentas. Queríamos mostrarlo de una manera más linda y esperanzadora. Es decir, recuperar esos saberes y experiencias para transformarlas y trabajarlas desde la resiliencia. La idea de representar la vida de Mocha fue una decisión de todos. Ella era una compañera travesti tucumana que fue asesinada en los años 90 por la policía y no sabía leer ni escribir. Una de las razones de la película es que no queremos que ése sea el destino de nadie más.

“Cuatro años para algunos no son nada pero para una persona trans, que tiene un promedio de vida de 35 años, significa no poder estar hoy en el estreno viéndola”

-¿Cómo fue el proceso de creación?

-Comenzamos en el segundo cuatrimestre de 2014 grabando algunas escenas. Al año siguiente, lanzamos un crowdfunding para financiarla y aprovechamos a grabar a uno de los grupo de egresados que quisiera contar qué representaba haber pasado por la experiencia del Mocha Celis. Al finalizar, registramos las acciones en la calle para mostrar que esto se sustenta por una lucha, que es histórica y lleva más de treinta años. Uno no puede desconocerla. El Mocha existe porque antes hubo Lohanas Berkins, Diana Sacayan y un montón de personas que fueron construyendo los mojones para poder existir hoy como bachillerato. También contamos con apoyo del INCAA para la financiación del proyecto y con ese dinero pudimos darle un cierre. El sabor más amargo que tenemos es que muchas de estas personas que participaron no hayan podido ver el documental terminado, su producción. La urgencia del tiempo es muy diferente para una persona que tiene garantizado los derechos que para otra que no. Cuatro años para algunos no son nada pero para una persona trans, que tiene un promedio de vida de 35 años, significa no poder estar hoy en el estreno viéndola. Es lo más triste para nosotros. Lohana, Soraya Squeff Porta, que interpretó a Mocha, Juanita Aban Vázquez, Antonella Quinteros Scerra, Ayelén Gómez y Charly Ríos Orellana son algunas de las protagonistas que fallecieron en el camino.

-¿Qué sucedió con las que sí pudieron ver el proyecto terminado?

-No para de provocar emociones. Ver cómo estaban en momento y los cambios que tuvieron. Hoy tienen la posibilidad de seguir estudiando, estar en una universidad, tener un trabajo, que durante el rodaje no ocurría. Es algo que puede ser esperanzador para aquellas personas que en este momento están transitando ese camino de retomar los estudios. También puede ayudar a reproducir la experiencia en otros espacios. En algún punto, también es mantener la memoria viva de las que ya no están y amaban tanto a la escuela. En particular, es el primer largo documental y es hermoso que se haya podido concretar y quedar plasmado este proyecto en el que hemos puesto tanto esfuerzo.

-Viéndolo en perspectiva desde la inauguración del bachillerato, ¿hemos cambiado como sociedad?

-En algunos aspectos veo un montón de cambios. Me parecen muy importante todos los derechos que se han conquistado desde las organizaciones sociales y desde un Estado que ha escuchado en su momento también. Por otro lado, estamos volviendo al recrudecimiento y la persecución, no solo de las personas trans, que vuelven a ser vistos como enemigos internos del Estado; tampoco hay becas ni financiamiento, no están priorizadas en ningún tipo de políticas públicas y eso se suma a la persecución docente. Nuestro trabajo está muy precarizado, no podemos ya sostener esta forma. Este año ya llevamos más de 13 asesinatos de personas trans y de lo que nosotros llamamos travesticidio social, que son aquellos que se mueren no por el asesinato directo sino por no poder acceder al sistema de salud, laboral o de vivienda. Ahora, aguardan que el Estado repare la persecución histórica que sufrieron porque en 1983 llega la democracia pero solamente para un grupo determinado. Para ellas, recién llegó en 2012, cuando se los y las reconoce como ciudadanos y ciudadanas de derecho. Tenemos que luchar para que también haya una ley integral trans que pueda abordar becas de estudio, que pueda acelerar los procesos de acceso, la ley de cupo laboral trans nacional, que solo existe una en la provincia de Buenos Aires pero todavía no está reglamentada.

-¿Creés que se podrá abrir un nuevo debate a partir de la difusión del documental?

-No sé si desde “Mocha”, tanto el bachillerato como el documental, podremos cambiar esos pensamientos preestablecidos por el sistema patriarcal binario pero buscamos modificar aunque sea algunas realidades. Cuando hicimos el lanzamiento, Lohana nos dijo “aunque sean quince las egresadas que hayan logrado acceder a la universidad ya habrá sido un éxito”. Ya llevamos cinco grupos de egresados y egresadas y más de siete años de escuela. También recordamos algo que decía ella que es clave: “Cuando una persona trans entra a la universidad cambia la vida de ella, pero cuando muchas ingresan, cambian la vida de la sociedad”. Porque si lográs compartir aula con ellas, lograrás con mayor facilidad ser un profesional con perspectiva de género ya que no será algo nuevo y se evitarían maltratos y situaciones de violencia en cualquier ámbito. Lohana planteaba que nos animemos a construir el mundo que queremos vivir. Por otro lado, la experiencia del Mocha Celis ha provocado que se abran 22 centros preuniveristarios en Brasil, un preuniversitario y una primaria en Chile, un proyecto educativo en Costa Rica, y dentro del país en Tucumán y en la Universidad de Avellaneda. El documental sirve para visibilizar que si nosotros pudimos hacerlo con escasos recursos, cuánto más podría hacer el Estado si destinara una partida mínima para pensar proyectos inclusivos.

-¿Cuál fue el recorrido del documental?

-Ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival Asterisco 2018, y el mismo premio en el Rio Festival de Gnero & Sexualidade no Cinema de Río de Janeiro. Además, la película fue seleccionada para competir en el 34° Festival Internacional de Cine de Guadalajara, que se realizará en marzo de este año. En la Ciudad de Buenos Aires se podrá ver todos los domingos de febrero en el MALBA. Esperemos que llegue a varias salas del país y que quienes participaron tengan la posibilidad de pisar esos lugares, donde puedan debatir e interpelar al público. Más que nada porque el documental da un pantallazo y detrás de cada historia particular hay miles de historias.

 

* Mocha, el documental, podrá verse en el MALBA (Av. Pres. Figueroa Alcorta 3415, CABA) todos los domingos de febrero y el primr domingo de marzo (17, 24 y 3/03) a las 18 horas.

 

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