Domingo 18 de noviembre de 2018

Gaby Ferrero, la actriz que cumplió 40 y pausó su carrera para adoptar a un chico abandonado en Misiones

Gaby Ferrero adoptó a Osqui Márquez Ferrero cuando tenía seis años
Gaby Ferrero adoptó a Osqui Márquez Ferrero cuando tenía seis años Fuente: LA NACION – Crédito: Silvana Colombo
Federico Acosta Rainis

23 de agosto de 2018  • 06:41

“¿Y si no le gusto? ¿Y si la pasamos mal?”, pensaba esa tarde la actriz Gaby Ferrero, en la oficina de la directora del hogar El Refugio, en Posadas, que daba techo y comida a casi treinta chicos en una de las provincias más pobres de país. Era a fines de junio de 2006, poco más de las 14, la Argentina estaba por quedar eliminada del Mundial de Alemania y la mujer lanzaba miradas nerviosas hacia el patio, deseando que el tiempo se detuviera. Como pasa a veces, cuando algo que se anhela mucho está a punto de hacerse realidad.

Apenas terminó el partido, un torrente de gritos y sonrisas salió de las habitaciones e inundó el exterior. Y uno de esos rostros bajitos y morenos la miró directamente a los ojos. “Tenía una banderita argentina pintada en la mejilla y estaba muy flaco”, recuerda hoy en su casa del barrio de Flores. En otro sillón, Osqui Ferrero Márquez la escucha en silencio, con la misma mirada de pestañas enormes que hace doce años atrás.

“La idea de adoptar la tenía desde siempre, pero la maternidad, esa cosa que se supone que les llega a todas las mujeres, a mí no me llegaba”, explica Gaby. Hasta que se reencontró con una amiga de hacía mucho tiempo que había adoptado a una niña de siete años con HIV, algo que la impactó fuerte y le reavivó el deseo. Decidió adoptar a los 40, a contramano del universo: aunque podía ser mamá biológica, sin pareja, y a un chico grande en lugar de a un bebé.

Sobrevivir en un hogar

Entre los tres y los seis años, Osqui vivió en un hogar en Posadas con otros treinta chicos
Entre los tres y los seis años, Osqui vivió en un hogar en Posadas con otros treinta chicos Fuente: LA NACION – Crédito: Silvana Colombo

Osqui nació en Misiones, el 28 de noviembre de 2000. Fue el noveno hijo de Hugo y María, un matrimonio humilde que se las arreglaba como podía para llevar el pan a la mesa. Hugo falleció en un accidente cuando Osqui tenía solo diez días y entonces todo fue cuesta abajo: María se puso en pareja con un hombre pérfido, ambos terminaron en la cárcel y los chicos fueron enviados a diferentes hogares.

“Llegué al hogar a los tres años -cuenta Osqui, que hoy tiene 17 y una voz tan serena que parece más adulta-. Mami [por Gaby] siempre dice que se veía mucha tristeza y era verdad, aunque a mí no me tocó tanto porque vivía jugando, saltando, corriendo, cantando”. Pero una pregunta imposible de responder revoloteaba siempre en su cabeza: si algún día iba a poder salir de ahí. “Los más grandes se escapaban”, recuerda.

Es que la vida en El Refugio no era fácil, con solo dos adultos para cuidar a tantos chicos. Si Osqui se hacía pis en la cama, lo bañaban con agua frío, como castigo, y una vez que estaba en penitencia de rodillas en la cocina, le cayó encima una olla de agua hirviendo y terminó en el hospital. Durante las fiestas, los mandaban a casas particulares. Una felicidad fugitiva y ajena, que se evaporaba antes de empezar: “Había familias, arbolito de Navidad y regalos. Y al día siguiente había que volver. No sé si entendés mucho eso a los cuatro años”.

Amor a primera vista

Gaby adoptó a Osqui a contramano de la mayoría: sola, a pesar de que podía ser mamá biológica y buscando un chico grande
Gaby adoptó a Osqui a contramano de la mayoría: sola, a pesar de que podía ser mamá biológica y buscando un chico grande Fuente: LA NACION – Crédito: Silvana Colombo

Antes de la creación del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Ruaga), de alcance nacional, quien deseara adoptar debía presentar papeles en cada provincia. Cansada de esperar sin respuesta en Buenos Aires, donde vivió toda su vida, Gaby llevó la carpeta a Misiones, para probar suerte también ahí. Un par de meses después supo que un hogar de Posadas había un chico que podía ser adoptado, puso pausa en el trabajo y viajó enseguida a Posadas para conocerlo.

Era el 30 de junio de 2006 y la Argentina acababa de quedar afuera del Mundial por penales.

“Lo llamaron a la oficina, vino y se quedó completamente mudo. La directora estaba azorada: ‘Vos sos siempre el más charlatán y ahora no podés hablar’, decía. Él no hablaba y yo tampoco. Un desastre. En un momento me preguntó al oído si podíamos ir a pasear. Y ni bien puso un pie afuera, empezó a hablar como un loro barranquero”, recuerda Gaby, mientras su hijo se ríe con ganas.

La idea de adoptar la tenía desde siempre, pero la maternidad a mí no me llegaba

Gaby Ferrero

Fue un flechazo. Esa semana lo visitó todos los días y en cada ocasión salieron a caminar. Osqui iba muy en serio, jura la actriz: “El primer día me amenazó: «Vos no vas a volver», el segundo me dijo «Mami», y el tercero me preguntó si lo iba a adoptar. Tenía claro que quería salir de ahí y esa semana se me declaró. Violenta y amorosamente, se me declaró”.

Entonces ella empezó a viajar a Posadas cada quince días.

Tomaba el último micro de los domingos, después de dar función en el Centro Cultural San Martín, llegaba el lunes y se volvía el martes, porque los miércoles tenía que estar de vuelta en el escenario. Así fue de julio a diciembre, cuando los papeles de la adopción salieron. Osqui lo recuerda como si hubiera sido ayer: “Nunca había subido a un micro y sacamos pasaje arriba, adelante, en el ventanal. El micro estaba recién arrancando y yo: ‘¿Ya llegamos? ¿Ya llegamos?’ No sabía ni dónde quedaba Buenos Aires”.

Un parto difícil pero feliz, que sentó un precedente

Desde chico, Osqui se interesó por la actuación, como su mamá adoptiva
Desde chico, Osqui se interesó por la actuación, como su mamá adoptiva Fuente: LA NACION – Crédito: Silvana Colombo

En Capital lo esperaban abuelos, amigos, dos gatos, muchos regalos y una nueva vida: “Fue como un nacimiento”, dice Gaby. Y como después de un nacimiento, el primer año fue espinoso: “Uno piensa: «Ay, pobrecito, pasó tantas calamidades, yo le voy a dar todo». Y no, lo mejor que podés hacer es poner límites. Amorosos, pero límites al fin. Acá todo era distinto y él era un niño muy astuto, un sobreviviente, entonces te ponía a prueba todo el tiempo”. Osqui tuvo que aprender hasta a comer despacio, porque en su casa ya nadie iba a zamparle la comida.

Más allá de las idas y vueltas, dice que en esa etapa “todo fue felicidad porque lo difícil era el hogar”, donde su camino podría haber sido muy diferente. Como el de sus hermanos, que estuvieron en hogares hasta los 18 y después salieron al mundo así, solo con lo puesto. Dos sufrieron además un intento de adopción repleto de ilegalidades: la pareja que los recibió los puso a trabajar en otro hogar, luego clausurado, y los chicos terminaron escapando de Posadas. “Yo fui el más suertudo, tuve otras posibilidades. Ellos fueron obligados a crecer de golpe y la tuvieron complicada”.

Osqui mantiene el vínculo con todos y cuando fue adoptado quiso conservar el apellido Márquez, además de incorporar el de Gaby. Porque era lo único que sabía escribir, porque esa palabra lo unía a sus hermanos y porque le recordaba a su papá Hugo: esas fueron las tres razones que enumeró, peinado a la gomina con raya al costado, mientras se comía todos los caramelos del escritorio de la jueza de menores. Casi llorando la mujer dijo que sí y entonces, a los seis años, Oscar Javier Ferrero Márquez sentó un enorme precedente: hasta entonces en toda adopción plena, los chicos debían renunciar a su apellido biológico. Ahora pueden elegir.

De tal palo, tal astilla

Gaby y Osqui están a favor del aborto y dicen que es un tema que no tiene nada que ver con la adopción
Gaby y Osqui están a favor del aborto y dicen que es un tema que no tiene nada que ver con la adopción Fuente: LA NACION – Crédito: Silvana Colombo

Llegar a la casa de una actriz fue un plus porque siempre le interesó el arte y ya a los 8 años empezó a estudiar teatro. “Fue como anillo al dedo tener una mamá que pudiera ayudarme a desplegar mi carrera, pero yo creo que si siguiera con mi familia biológica igual me hubiera dedicado a algo artístico. El arte estuvo rondando siempre y de chiquito también fue un sostén”, explica Osqui.

En julio, presentó en el festival Oberá en Cortos, en su Misiones natal, el cortometraje “Timbó”, que él mismo dirigió y escribió y está basado en su propia vida. “A mi madre. La más valiente soñadora”, dice la dedicatoria al inicio del film, que cuenta la historia de un hombre adulto que reflexiona sobre su vida mientras tiene flashbacks de su infancia, cuando fue adoptado. “Me doy cuenta de la inmensidad de lo que vivimos”, dice el protagonista y deja abierta una pregunta inquietante: “¿Qué pensaría el niño que fui del adulto que soy ahora?”.

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